Vibe Coding: Cuando Programar se Convierte en una Conversación

Andrej Karpathy, ese mago de la IA que ayudó a crear OpenAI, acaba de inventar un término que tiene revolucionado el mundillo tech: “vibe coding”. Y como era de esperar, ya tenemos a los big tech sacándose los ojos sobre si esto es el futuro o una chorrada con purpurina.

¿Qué narices es el Vibe Coding?

Imagínate que en lugar de pelear con Python, JavaScript o cualquier lenguaje que te haga llorar, simplemente le dices a una IA: “Oye, hazme una app que haga esto y esto otro”. Y la IA, como un mayordomo digital súper listo, te escribe todo el código. Eso es vibe coding: programar a base de vibes, de sensaciones, describiendo lo que quieres en plan conversación.

Karpathy lo describe como “una nueva forma de construir software impulsada por modelos de lenguaje cada vez más capaces”. Vamos, que los desarrolladores nos centramos en qué queremos hacer, no en cómo hacerlo. Suena bonito, ¿no?

El Ring: Pichai vs Vembu

Como no podía ser de otra forma, esto ha dividido al sector. En una esquina tenemos a Sundar Pichai (CEO de Google), que en el podcast de Google for Developers se ha puesto romántico diciendo que el vibe coding hace la programación “más divertida y accesible”. Por supuesto que lo dice el jefe de la empresa que más pasta se gasta en IA.

En la otra esquina, Sridhar Vembu (CEO de Zoho) tirando de realismo y soltando que esto “sobresimplifica la complejidad de la programación”. Que programar tiene “múltiples capas de abstracción y transformación”. Vamos, que no todo es tan bonito como pintarlo de rosa.

Y aquí es donde me mojo: los dos tienen razón.

La Realidad del Asunto

Llevo años viendo cómo herramientas como GitHub Copilot, Cursor, CodeWhisperer y compañía nos van “ayudando” a programar. Y sí, funcionan. Pero hay un problema: siguen siendo glorificados autocorrectores.

El vibe coding puede ser genial para prototipos rápidos, scripts sencillos o esas tareas repetitivas que nos dan pereza. Pero cuando llega la hora de la verdad – sistemas complejos, rendimiento crítico, arquitecturas que no se caigan al primer pico de tráfico – ahí seguimos necesitando a alguien que entienda qué coño está pasando por debajo.

Porque una cosa es que la IA te escriba un formulario de contacto, y otra muy distinta es que diseñe la arquitectura de un sistema distribuido que aguante millones de usuarios. Spoiler: no lo hace.

El Problema de la Ilusión

Mi miedo no es que el vibe coding sea malo. Mi miedo es que creemos una generación de “desarrolladores” que no entienden qué está pasando. Que cuando algo falle (y fallará), se queden mirando el código generado como quien mira jeroglíficos.

Es como usar GPS para ir a todos lados. Está genial hasta que se queda sin cobertura y no tienes ni idea de dónde estás. El vibe coding puede ser nuestro GPS del desarrollo: útil, cómodo, pero peligroso si lo usamos para todo sin aprender el mapa de verdad.

¿Hacia Dónde Vamos?

No seamos dramáticos. Los buenos desarrolladores van a seguir siendo necesarios. Pero sí que va a cambiar el tipo de problemas que resolvemos. Menos tiempo debuggeando sintaxis, más tiempo pensando en lógica de negocio. Menos “¿cómo implemento esto?” y más “¿qué problema estoy resolviendo realmente?”.

Las herramientas evolucionan, pero el pensamiento crítico no se puede automatizar. Todavía.

Así que sí, el vibe coding está aquí para quedarse. Pero que nadie se confunda: programar seguirá siendo más arte que ciencia, y los artistas que entiendan tanto los pinceles como el lienzo seguirán siendo los que marquen la diferencia.

Ahora, si me disculpáis, me voy a pedirle a Claude que me escriba una función recursiva. A ver qué tal se le da el vibe coding… 🥝

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